domingo, 3 de noviembre de 2013

Sonríele al dolor, porque no es para Siempre.

Lo conocí cuando tenia 17 años, era callado e introvertido, llego a casa en un momento difícil para mi familia, pero pronto ya era parte de ella. Comía en casa, dormía en casa y ya tenía un apodo , como todos en mi familia.
Yo particularmente le tenía desconfianza pero pronto me acostumbre a su presencia. Mi mamá le tenia cariño, como un hijo, y mis hermanos menores eran sus mejores amigos. 
Recuerdo que estuvo en muchos de los momentos importantes de mi familia, es por eso que después de algunos años era ya un hermano más. 
Un día en marzo fue a casa de su madre, la amaba y le hacia mucha falta, paso varios días allá, cuando volvió a casa una tarde se veía cansado, delgado pero sobre todo asustado un rasgo peculiar de su personalidad, trato de abrir la puerta y no pudo, fue así como nos dimos cuenta que algo andaba mal. No podía mover la parte izquierda del cuerpo, nos asustamos muchísimo, no sabíamos que estaba pasando. Daniel, mi hermano llego pronto y lo llevo al médico, unas horas más tarde nos llamó, dijo que lo que tenia era un Accidente Cerebro Vascular, en proceso y que debían internarlo. 
Así lo hicieron, otros estudios dieron como resultado el diagnóstico de un tumor cerebral, recuerdo que no lo podía creer, tenia 24 años no podía estar así de enfermo siendo tan joven, pero la realidad era mas oscura de lo que creíamos. 
Fue entonces cuando comenzó un largo viaje para mi familia, para todos, empezó por dejar de hablar bien, no caminaba, no comía por si solo, y a menudo era como un niño. Sabíamos que ya no tenia tiempo pero aún así no lo expresábamos, durante sus últimos días aprendimos mucho de el, aprendimos a sonreírle al dolor, a abrazar la esperanza frente al temor y a cambiar radicalmente el concepto de miedo que teníamos, aveces en sus ojos se veía ese miedo pero en sus últimos días, ese miedo había desaparecido, creo que la clave de todo no fue lo que aprendimos de el, sino lo que el aprendió. Aprendió a confiar en un Dios invisible, pero que se manifestaba en cada gesto de cuidado de mi hermano hacia él, en cada oración de mi madre por su salud, en cada de esfuerzo de Greibis, por no llorar ante su sonrisa de niño, pero sobre todo en la fortaleza que  Dios le dio, la cual le permitió soportar. Conoció que Dios lo ama profundamente y que aunque no viviera en esta tierra, la mañana de la resurrección llegaría y el se levantaría para unirse de nuevo con nosotros, confío en que lo supo, supo que las promesas de Dios se cumplen con perfecta exactitud. Siempre contemplo el arcoíris, significa mucho para mi, pero una de las cosas que me recuerda es que Dios nunca deja de cumplir una promesa, por eso confío en su tiempo, en sus maneras, en sus razones y sobre todo en su amor. 
El finalmente durmió pero sabemos que siempre supo que lo amamos al igual que siempre supo que Dios le amo aún más.

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